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November 01 Tuvieron agua“Tuvieron agua”…
Mas allá de la llanura Roja se extiende el macizo Central; sin apenas solución de continuidad. Una vez atravesada, (cuarenta y cinco kilómetros de gris ceniza y apenas matorral) se desciende al principio abruptamente, más tarde en suaves ondulaciones del terreno y se llega al Océano. Está allí, inmutable, con un extraño color entre metálico y azul; pero no es un azul cielo, porque aquí el cielo no tiene ese color. Aquí el cielo es rojo. El océano no refleja pájaros; tampoco se advierten signos externos de vida, apenas extraños anfíbios, seres disformes, diferentes mezclas de pez e insecto; a simple vista no se advierte si son alados o si su medio más habitual es el agua, flotan, eso sí, pero no se percibe movimiento. El océano está flanqueado por una inmensa playa. Vacía. De tonos entre dorados y marrón oscuro. No hay piedras, ni guijarros, sólo algunas dunas, que parecen nacer del mismo agua en ocasiones. Siempre hay un viento caliente, bronco, repetitivo sobre el mar. Paseo por la orilla siempre que amanece; antes de que el sol lo vuelva a inundar todo del color de la sangre, porque el color de la sangre me recuerda cosas que no quisiera haber vivido jamás. Y porque a esa hora, aún se puede uno imaginar que el mundo sigue siendo como era entonces. Ascienden delicados rosas y temblorosos amarillos sobre el agua, y se refleja un punto de naranja y violeta en la arena; entonces el viento sopla como si fuera brisa, como si no estuviera roto, muerto, como si nunca se hubiera tornado en un viento de muerte sobre este páramo triste.
Paseo y recuerdo.
Se que en la llanura Roja aún quedan vestigios Indescifrables. Osamentas enterradas casi ninguna; el tiempo lo borra todo, pero sí algunos muros, y estructuras que, derrotadas en los caminos se han convertido en láminas geológicas, en detritus; irreconocibles para nadie, salvo para mí. Pero están ahí; tienen su código, su extraño código aparentemente ilegible para quien no conozca los alfabetos; muescas, solo faltaría que alguien conociera las palabras de entonces para dar con su significado. Hace muchos, muchos años, leí sobre otras civilizaciones, sobre otros mundos, sobre las investigaciones para conocer la vida fuera de nosotros. Nunca llegamos a interpretar nada, nunca fuimos capaces – a pesar de nuestra magnífica, decían, tecnología- de aprehender lo que descubrimos. Porque allí también existía, como aquí ahora. Aquellos canales, aquellos detritus, aquel océano, aquellas estructuras…no eran más de lo que hoy yo he visto aquí: Los restos de una civilización perdida. La muestra final para la eternidad del tiempo de que a nosotros también nos llamaron un día seres vivos. El testamento para nadie de mi pequeño planeta azul.
June 22 Vaya corte...
Pero bueno- dijo con cara de cabreo- se ha metido debajo de la cama ¿de golpe?...
Pues no, Paco, de golpe no… Verás, el estaba en la piscina cuando llamaron a la puerta, así que no pudo salir a saludar, y abrí yo.
Paco me miró con cara de guasa.
-Ya, y cuando vió lo que vió ¿se metió debajo de la cama?...
-Que no, Paco. Salió de la piscina, se secó y salió a saludarlo.
-Pues comprendería que se hubiera metido debajo de la cama si se hubieran visto cuando salió de la piscina, porque está siempre con una pinta de asustar, pero después…
-Verás Paco, cuando fue a saludar y se abrazaron fue cuando decidió irse sin decir nada.
-Pues sigo sin entenderlo…
-Pues está muy claro; el otro al verlo lo primero que soltó fue: “Robby, chuchillo, a pesar de la piscina, sigues teniendo pulgas”, y le dio mucha vergüenza. |
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